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La sucesión
Los cuatro tricolores

Por Francisco Cabral Bravo


Todavía no terminan las repercusiones de la derrota electoral del Partido Acción Nacional del 5 de julio, en el propio partido y en el gabinete presidencial.

La apresurada renuncia del anterior presidente panista de cuyo nombre ni él quiere acordarse, produjo en el interior del PAN un desequilibrio pero del que ya había ocasionado el fracaso en las elecciones intermedias.

La dimisión del hombrecito sumió a su instituto político en una crisis que dejó al descubierto las hondas fracturas que mantiene divididas y enfrentadas a varias cofradías, una de ellas encabezada por la “Banda de los seis” (Creel, Espino, Corral, etc.)

La otra congregación es la que está formada por los adeptos-ineptos a quienes encabeza César Nava, hermandad a la que, por cierto, casi desconoció el presidente de la República durante su fugaz visita oficial a San José Costa Rica, donde declaró algo así como: ¿Amigos?

A medida que transcurre el tiempo, se hace más difícil comprender la prisa del panista por tirar la toalla y meter al partido, al presidente de la República y a los 370 consejeros que forman la cúpula del PAN, en un brete del que nadie saldrá bien librado. ¿era mucho pedir que Germancito se comportara como hombre, enfrentara las críticas, rindiera cuentas a sus compañeros, recogiera los platos rotos y preparara la sucesión como Dios manda? El caso es que se fue y será sustituido por alguien que no garantiza mejores resultados.

Por otra parte, el descalabro electoral y la crisis interna en el PAN repercutieron en el frágil equilibrio que aún conserva el primer equipo calderonista en el llamado gabinete presidencial.

Los próximos cambios en las secretarias de Estado, que el presidente Calderón hubiese podido hacer como un reflexivo y sereno jugador de ajedrez, ahora se ve obligado a realizarlos en medio de la debacle de su partido y entre acusaciones de sus propios correligionarios que lo acusan de “mano negra” ¿Por qué se volvió urgente el recambio en el gabinete? Porque el aplastante triunfo priista adelantó los tiempos para colocar en sus marcas a los corredores del maratón presidencial.

Ya están en el arrancadero al menos cuatro posibles tricolores: Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes Rangel y Fiel Herrera Beltrán. Por su lado en la banda izquierda ya se anotaron Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, los carriles para las precandidaturas surgidas desde el seno del PAN aparecen vacíos, y así podrán seguir durante mucho tiempo, sobre todo después de que el 5 de julio quedó demostrado que Acción Nacional es un partido de pocos militantes y de muchos simpatizantes, pero que la mayoría de estos últimos ese día se quedaron en sus casas o acudieron a las urnas pero cambiaron el sentido de su voto, o de plano se sumaron a las nutridas filas de los que votaron por Nadie.

En ese escenario, la sucesión presidencial se ha convertido para Felipe Calderón en la prioridad de prioridades. El PAN no será capaz de construir una candidatura que tenga la fuerza suficiente para enfrentar a uno de los cuatro posibles del PRI.

Felipe Calderón ha puesto por delante su propia sucesión en la presidencia de la República y en un segundo término la sucesión en el PAN porque, después de todo, no será su partido el que señale con el dedo índice al “bueno para la grande”, sino él.

En suma en Acción Nacional dos de los que están bien posicionados en el arrancadero de la pista de la sucesión presidencial son Javier Lozano Alarcón y Ernesto Cordero Arroyo.






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