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Calderón y su promesa

Por Francisco Cabral Bravo



Aunque desde el inicio del proceso para la instalación de la nueva refinería se dijo que la política no influiría en la decisión final, el gobierno ha hecho todo lo posible por politizarla. Decisiones contradictorias hacen pensar que la refinería responderá más que las necesidades políticas de Calderón que las del país. Si la decisión era técnica, ¿entonces para qué se hizo la pasarela de gobernadores, para que vendieran a sus estados? Ninguno de ellos es experto en la materia. Si la postura gubernamental hubiera sido honesta de inicio, hubiese bastado con checar a los estudiosos del Instituto Mexicano del Petróleo y así tomar una decisión libre de sospecha.


Pero el gobierno apostó a que podría tener al PRI comiendo de su mano si le prometía la refinería para un estado priista. No es casualidad que el estado ganador fuera Hidalgo, de Miguel Osorio Chong, cercanísimo a Enrique Peña Nieto. ¿Qué pediría el gobierno a cambio de la refinería? Casi nada, que el PRI dejara que lo acusaran en la campaña electoral de ser el responsable de todos los males del país y quedarse callado, no defenderse y no meter a Calderón en la campaña. Así Germán Martínez habló del PRI en términos que ni siquiera la Tuta se atrevió.


Opinó que el PRI era un partido pusilánime que nunca combatió al narco e incluso se le acusó de complicidad con él. Creyó que así ganaría las elecciones. Pero el presidente, que no confía ni en su sombra, dejó una puerta abierta por si el PRI no cumplía, le puso un plazo de cien días a Hidalgo para que tuviera todo listo para la refinería. Curiosamente ese plazo se amplía después de las elecciones. Esta condición le sería muy útil a Calderón ahora.


Calderón quiso que la refinería fuera la zanahoria y el PRI el burro. Si el PRI no cumplía con su parte del trato, dejándose humillar por Martínez y el PAN para que éstos ganaran las elecciones, entonces la refinería y los diez mil millones de dólares irían a dar a territorio albiazul. A Guanajuato.


Pero este cálculo fue tan malo como el de Carstens y su catarrito. El PRI ganó las elecciones sin defenderse, vapuleó al PAN y lo puso de rodillas. Es decir, cumplió su parte del trato. Ahora no sólo tendrá mayoría en el congreso, sino que tendrá el dinero de la refinería, haciéndose invencible. Y hoy que las cuentas deben pagarse el gobierno maniobra para llevarse la refinería a la tierra de Vicente Fox y dejar al PRI con un palmo de narices. Calderón intuye que, después del 1 de septiembre, será el presidente más débil de la historia moderna de México, y por ello necesita recuperar algunos pedazos de desastre antes de esta fecha. Quiere dos cosas; manejar los despojos del PAN mediante la imposición de César Nava y evitar que el PRI gane en 2012.


Pero para que esto pase, Pemex tiene que dejar fuera de la contienda por la refinería a Hidalgo y al PRI, y dar su fallo a favor de Guanajuato.


¿Y el compromiso con el PRI? El PRI no importa, por el momento en la visión miope de un gobierno que busca su sobrevivencia. Incapaces de ver más allá de sus narices, no se han enterado que un incumplimiento de acuerdos sería fatal para su futuro inmediato.


Pero así como el equipo del presidente no ha sido capaz de preveer crisis económicas o reacciones del crimen organizado, tampoco podrán prever lo que costaría una traición a un partido con su mayoría en la Cámara baja. Conclusión: César Nava será presidente del PAN a cambio de una “promesa” de refinería en Salamanca. La candidatura más cara de la historia. ¿Cumplirá el gobierno su promesa? Quién sabe, esa no es su especialidad.





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