LA HORA DE LOS ACUERDOS
Por Francisco Cabral Bravo
Los ciudadanos expresaron en las urnas su voluntad y dieron al PRI una copiosa votación que los coloca como la primera fuerza de México. Un rechazo contundente recibió la derecha Mexicana, materializada en los gobiernos del PAN, de parte de un electorado conciente y maduro, que supo tomar instancia de los llamados a la guerra.
Las sucias campañas desatadas por el ahora desfenestado ex jefe del Pan, con la aprobación del presidente, y las erráticas políticas que el gobierno de Felipe Calderón ha puesto en práctica, advirtieron a los votantes lo peligroso que sería seguir en ese camino. Nuestra convivencia social quedaría gravemente dañada y México se hundiría en una confrontación social de impredecibles consecuencias.
Tuvo razón Beatriz Paredes al rechazar la confrontación y las provocaciones que desesperadamente lanzaba todos los días el PAN al PRI. Qué pequeños se ven ahora los promotores de esa guerra sucia y qué gran lección recibieron de los electores. Ojalá no pierdan la cabeza y asuman con humildad el mandato que los votos les imponen.
No embalde, el PRI lleva en su nombre uno de sus rasgos esenciales. Está en su naturaleza ser institucional. Lo demostró cuando estuvo a la cabeza del poder ejecutivo y lo demuestra ahora respetando y cuidando a la Presidencia de la República, uno de los tres poderes que nos dan sustento como nación.
El vuelco social hacia el PRI cambia radicalmente la correlación de fuerzas en los escenarios políticos del país. En esta nueva realidad el poder legislativo redefinirá los temas sustanciales, así como las prioridades y los tiempos. En este escenario se podrán formar mayorías más fácilmente. Mayorías que tendrán a la bancada priísta como eje de todos los acuerdos. No solo con el partido verde, su aliado principal en este proceso, sino también con cualquiera de los otros partidos. Se equivocarán nuevamente quienes crean que la mayoría lograda por el PRI en estas elecciones traerá un regreso a tiempos pasados. Los votos conseguidos en cada uno de los 300 distritos electorales son el resultado de un amplio y profundo ejercicio democrático de las bases priístas que eligieron en asambleas a cada uno de sus candidatos. Cosa que otros partidos que presumen de demócratas, no pudieron hacer.
La nueva relación entre los estados y el centro, que se caracteriza por la mayor importancia que tienen ahora los gobernadores en el Pacto Federal, fue muy bien comprendida y aprovechada por el PRI para delegar responsabilidades y fortalecer a los poderes reales en cada estado. Hubo respeto y confianza en los cuadros locales y nada se impuso. De ahí los magníficos resultados en las urnas.
El voto ciudadano exige al PRI un cambio profundo en la política que atienda las necesidades de la mayoría de la gente, trabajadores, campesinos, clases medias y empresarios pequeños y medianos en concordancia con sus principios y su plataforma electoral.
El terrible desempleo que se abate sobre la población y la inseguridad cotidiana y creciente demandan nuevas políticas publicas y el concurso de todos nosotros. La propuesta de un pacto nacional que atiende el cúmulo de viejos y nuevos problemas, esta puesta en la mesa por el PRI y otros partidos. Llegó la hora de darle cuerpo y echarlo a caminar.
Si se concreta esa voluntad presidencial y si el PRI acepta la negociación, se demostrarán dos cosas, primero que Felipe Calderón no ha olvidado que antes que nada es el presidente de todos los mexicanos y no solamente de los panistas, y segundo, que el PRI sí sabe como hacerlo.