DESCONFIANZA EN LOS ELECTORES
Por Jorge Francisco Cabral Bravo.
El voto duro y la estructura de los partidos definirá las elecciones federales intermedias del 5 de julio, las cuales se desenvuelven en el espacio atípico de una emergencia sanitaria y un bajo interés de los ciudadanos en la política.
Por lo que coincido en que el voto independiente, el del ciudadano promedio, será una franja muy delgada de este proceso.
Por lo que se confirmó una tendencia abstinencionista esperada del 65 al 69 por ciento, frente a un alto nivel de desconfianza en la oferta política.
Empero, el voto independiente del ciudadano, será el que otorgue la legitimidad, coincidieron especialistas.
Existen tres tipos de segmentos de posibles votantes en la población en general. El voto duro o partidario, el voto independiente y voto corporativo y clientela. Las personas de cada uno de estos segmentos no se comportan igual a la hora de ir a las urnas.
Si en una hipotética elección sólo participaran los ciudadanos localizados en el segmento del voto partidario o duro, el resultado sería muy cerrado entre el PRI, y el PAN, mientras que el PRI quedaría atrás.
Por lo tanto los independientes son los que hacen la diferencia ya que alrededor del 50 por ciento del electorado cambia al menos una vez su preferencia electoral, de acuerdo con el desarrollo de las campañas y el tipo de publicidad política generada.
Sin embargo, considera, el problema es que los votantes independientes vayan o no a sufragar, porque al ser una elección intermedia, el proceso comicial de este año será de bajo interés para los votantes y por eso será de alto abstencionismo , por ende la franja de electores independientes que al final irá a las urnas el 5 de julio, será más pequeña, de ahí la importancia de que los partidos políticos no sólo hagan sus cuentas sobre su base de sus votos duros, sino también movilicen a sus electores leales.
De cara a las próximas elecciones federales para diputados, el ánimo hacia los partidos no es de un entusiasmo desbordado, ya que a la gente le interesa todo menos la política.
Ante el posible abstencionismo, el reto de los partidos será movilizar al voto duro y, sobre todo, convencer a los independientes de salir a votar. “La chamba de los partidos es sacar a su voto duro”. Ese es su principal trabajo, pero siempre van a necesitar un porcentaje más para poder ganar la elección.
Por último, en la próxima elección federal, el instituto político que tenga estructura y una capacidad de movilizar a sus militantes para que vayan a votar el 54 de julio, será el que esté más cerca de ganar.
Consideremos que la elección intermedia de este año es totalmente diferente a lo que se había visto antes en México, porque además de los cambios legales y el acotamiento de las campañas, se transmitirán cerca de 24 millones de espots, lo cual jamás en la historia en ningún lado se había visto para una sola elección de diputados federales.
Otro factor que influye, precisa, es el relativo a la permanencia en el cargo o al abandono de las responsabilidades públicas de los funcionarios electos a un cargo de representación.
La figura del voto en blanco es un rechazo hacia las opciones electorales, que cuestionan no tanto los procesos por si mismos, sino más bien los excesos de la clase política.
Recordemos lo que manifestó uno de los escritores más importantes del México contemporáneo, que ve a la clase política en pleno derrumbe y en plena competencia de cenizas y lamentó los constantes escándalos políticos.
Ahora podemos explicarnos porqué los políticos están en el suelo en cuestión de interés y credibilidad ante la sociedad.
Ya no hay a quién creerle, y quien diga lo contrario es que está embebido en las campañas electorales, puro interés por los votos.
Sucede que lo verdaderamente importante queda en segundo término.
El tema de la crisis económica, el desempleo, la inflación, el desplome productivo del país, los efectos perniciosos de la influenza humana nos pegan más que las expresiones coloquiales.
El Episcopado nos ha hecho un llamado a la rehabilitación ética de la política y a elegir entre los candidatos a aquellos que, cuando menos, muestren un mínimo de comportamiento ético.
Esto implica conocer los errores, excesos, abusos, atropellos, irregularidades y hasta delitos cometidos por sus gobernantes.
Además buscar la honestidad, valores, lealtad y honradez como criterios de apoyo a los candidatos; capacidad que implica preparación técnica y conocimiento directo de las necesidades de la gente, compromiso con la reconciliación y la justicia, para luchar contra la pobreza, la desigualdad, la inseguridad y la violencia, y sensibilidad por los pobres, los excluidos y los indefensos, no de mera palabra sino de hechos.
Ese es el desafío, así lo señala ahora el Episcopado, como una responsabilidad moral. Es esta una clara obligación cívica de todo ciudadano responsable.
Lo cierto es que en Veracruz hay más de 7 distritos del PRI con los focos rojos. ¿Verdad Jorge Carballo Delfín?